Vistas a la página totales

martes, 12 de abril de 2016

Muerta (2014)

Muerta

Juan Carlos Valenzuela Parra



-Prefiero verte muerta antes que a su lado-, fueron las palabras del hombre que de manera irónica me dio la vida. Aun no lograba comprender como un sentimiento que profesa tanta pureza se podía traducir en una lengua tan abominable. Crecí en una familia que predicaba con el amor en sus labios, pero solo negociaban un xenofóbico y superfluo sentimiento que ignora lo que no comprende.

-está bien- respondí de una manera tan lúgubre y seca que el contraste de mi voz me provoco un escalofrió, ¿de verdad consideraba la muerte como una tentativa?. Camine a mi habitación de manera tan automática que sentí que mi alma se adelantaba al destino dejando en su lugar un deprimente cuerpo sin vida. Con movimientos casi robóticos alcancé mi cuarto, que en ese momento parecía mimetizarse con la palidez de mi rostro, pero justo cuando atravesé el umbral me asombro la tranquilidad que invadió mi abdomen en ese momento tenso, sentí una ligereza mental que se proyectó a mis pies, que de manera espectral me conducían a la cama. Recosté mi cuerpo y sentí como cada una de las fibras se sometían ante mi peso. Experimente una sensación helada que se extendía a cada extremo de mi humanidad. Justo en ese momento, había decidido morir.

¿Morir?, si, morir parecía un punto resolutivo más que de tensión, el temor a lo desconocido es lo que me tiene aquí, y de ninguna manera seré víctima del mismo miedo que mi padre. “muerta antes que a su lado” pensé, no tenía por qué ser así, él no tenía por qué estar en lo correcto, ya que su afirmación no era excluyente, yo, yo podía morir a su lado, y así no habría fuerza humana que separara nuestro trágico y bello amor, pues este se habría sumado a la inmortalidad que solo otorga el arte, vaya, nuestro final sería una obra maestra, y ni mi padre ni nadie, nos separaría.

En un impulso levante el teléfono, no sé si motivada por el egoísmo, una cosa era mi muerte, pero… ¿en realidad estaba dispuesta a arrastrar a alguien más? ¡Tonterías!, sé, que como yo, preferiría mil veces morir a mi lado, que enfrentarse a la desesperación de no vernos jamás, levante el auricular y presione las teclas una a una reproduciendo aquella secuencia decagecimal que muchas veces antes había imitado de manera autómata; pero esta ocasión en particular estaba cargada de una densa y sombría sensación. de manera fría y sin tropezarse marchaban a ritmo militar cada una de las frases que mis labios exhalaban, “desvanécete a mi lado”, “nunca entenderá”, “imagínate, que bello seria”, de repente nuestra conversación cayo en coma, cada segundo que pasaba sentía como el sudor recorría mi rostro, mi corazón latía rápidamente contrastado con lo que vendría después, y de la nada su voz, su voz asesinó el silencio – allí estaré-dijo, y la decisión en su tono hiso que naciera en mi un sentimiento similar al regocijo. Luego recapacite, no me sentía orgullosa de lo que iba hacer, tampoco feliz de morir, pero era lo más perecido a la felicidad que existía para mí.

La noche próxima, nos encontrábamos en una habitación de hotel, la decoración de velas y satín era dramática, pero perfecta para nuestra última cita. Fundí mi cuerpo al suyo y por un momento sentí que el tiempo se detenía, nuestra desnudez fue un maquillaje efímero para lo que estaba próximo. Al caer el velo pasional que segaba la realidad nos miramos fijamente, comenzó a llorar y se inclinó en mi cuello para susurrar, -perdóname, perdóname por hacerte abandonar la vida. -la vida me abandono a mí primero. Respondí. Su brazo se encontraba titubeante sujetando el cianuro, y con el otro me estrechaba convulsivamente a su cuerpo mientras daba el primer paso a nuestra nueva vida, en un instante me cedió el lúgubre recipiente, mientras limpiaba los restos de muerte de sus labios y las lágrimas de sus ojos, sostuve el veneno y lo posicione en la comisura de mis labios –así de fácil- pensé, cuando de repente algo sucedió en mi mente, aquella tranquilidad que me había asediado desde el momento que entre a mi habitación había escapado de mí, dejándome desprotegida. Sentí como el terror invadía cada extremo de mi ser, pero ya estaba hecho, no me podía echar para atrás. Mientras inclinaba más el contenedor a mi boca, sentí el horror a flor de piel, ¡fui a una estúpida, un estúpida!¡ papa ayúdame por favor, protégeme, papa¡ no quiero morir!, no así, cada fibra de mi piel se ahogaba en el pavor, mi corazón estallaba y se convulsionaba una y otra vez, y yo quería que permaneciera así, quería seguir viva. En ese momento de cobardía me di cuenta que no quería morir, cuando de repente deje caer el recipiente al suelo y me sentí tan aliviada que solo pude gesticular un vergonzoso –perdóname- cargado de la más cortante hipocresía. cuando levante mi vista y nuestros ojos se encontraron, pude percatarme del momento exacto en que su rostro, que hasta ahora permanecía relajado, se partía a la mitad para quebrarse en un gemido espectral que nunca olvidare, empezó a correr por la fúnebre habitación mientras desgarraba su piel con las uñas que no tardaron en ceder ante la presión y caer al suelo, de manera desesperada se aferró a mí y me grito –no me dejes morir- el terror me tenía paralizada, mi garganta se encontraba totalmente seca y no podía emitir el menor grito de auxilio, sentía que me ahogaba, cuando de manera súbita sus manos liberaron la presión de mis hombros y su cuerpo cayó al suelo. El veneno comenzaba a hacer efecto, y en mi inutilidad no podía hacer más que observar como mi ser amado se retorcía en completa agonía. Desee que muriera con todo mi corazón, no resistía ver como su cuerpo se convulsionaba de manera tan violenta, ¿Por qué tenía que tardar tanto? y como intervención divina, se detuvo. Me quede congelada, fría, ninguna emoción se escapaba ya de mi rostro, pues había experimentado el infierno mismo, por un momento me quede contemplando su rostro lleno de dolor a través del sanguinario vomito que inundaba mis pies, y me pregunte a mí misma, sin conseguir respuesta alguna ¿Había solo un muerto en esa habitación?

1 comentario:

  1. PUES CLARO QUE HABÍA SOLO UN MUERTO, el chavo que acababa de matar... Buena historia.

    ResponderBorrar