Realmente Encantadora (2013)
Nota: Querido Juan Carlos de hace más de 3 años; tenías
razón, al final Ted termina con Robín y Peña resulto ser un pendejo más grande
de lo que imaginábamos. No desesperes, “Things may not get
better, but at least they got less boring”. El sexo está por llegar a
las puertas de tu vida, maldito puberto picaron. Juégala al interesante. En los
años que siguen aprenderás muchas cosas; conocerás lugares y personas que
cambiaran tu vida. Unas amargas y otras Dulces. No te arrepientas de nada.
Por los libros que leíste
me mantengo. Los amigos que abrazaste me sostienen. Las ideas que acuñaste, mi
mayor tesoro. Gracias. Lo mejor está por
venir.
Antes de comenzar
quiero asegurar que no estoy loco, o al menos no falto de razón. Es más, pensar
es uno de mis mayores hábitos. Aunque debo admitir que nunca fui una persona
que los estándares catalogaran como “normal”. De niño no fui el mas
extrovertido, siempre sentí una gran fascinación por el arte y cómo este
perduraba siempre bello al pasar del tiempo, digo, sin importar cuanto roce sus
paginas, la prosa de García Márquez nunca arrugara su rostro, las melodías de
Beethoven nunca teñirán su nuca color tiempo, Davinci permanecerá inmutable
dentro del taciturno rostro de la Gioconda y el David de Miguel Ángel
conservara su pétrea belleza; Todo porque los años se resbalan en su grisácea
tez como viento en las montañas.
Quizá fue mi admiración
por la eternidad de las piezas de arte, lo que despertó en mí el pavor a lo fugaz que era mi existencia.
Pero mas que temerle a la mortalidad misma, desarrolle una inmensurable fobia
por la vejes. Eclipse del cuerpo y de la mente.
Y fue así como en
un parpadeo se consumió mi prematura juventud, en un abrir y cerrar de ojos me
despertaba con una mujer al final de mi cama, y un anillo en el dedo sin
recordar lo que había sucedido.
Como deben
imaginarse, ella era una mujer bella como el crepúsculo, pero la noche llega
tarde o temprano y tantos otoños marchitaron su perfección, lo que un día fue
una combatiente cabellera negra, se teñía de un marfil reseco y pútrido; Lo que
una vez fue un cuerpo indómito hoy se encontraba temeroso de verse atrapado
entre la cómoda flacidez, característica del burgo. La vejes comenzaba a
exhibirse en el rostro de esa mujer. ¿Cómo me veo esta noche? Preguntó, vomite
las palabras como si desgarraran cada nervio de mi garganta “Realmente encantadora”
respondí, pero las palabras son solo decrépitos charcos en el mar de las
acciones, y últimamente mi amargura y
desapego era tan tangible como cotidiano, hasta ella notaba como la pasión que
alguna vez ahogo nuestra piel, hoy se secaba antes de siquiera salir por mi
garganta.
Me causaba
repugnancia despertar junto a ese cadáver viviente, que mas de una vez desee
permaneciera inerte. Poco a poco comencé a odiar a esa desconocida, y en mi
cabeza interrumpieron deseos profundos de
matar a mi mujer. Al principio mi obsesión no fue mas que una mera
diversión, pero poco a poco, la idea comenzó a tomar forma en mi cabeza,
haciéndola parecer la cada vez mas razonable, y cuando la razón invade una
cabeza, la acecha, la observa y la destroza hasta el punto en que ella se
termina enfermando a si misma, la locura, entonces es el uso excesivo de la
razón.
Un día me decidí
y escape de los labios del deseo para sucumbir ante los seductores brazos de la
acción. Sin que me diera cuenta, mi subconsciente, hablo por mi y golpeo por mí.
La violencia que yo podía ejercer hasta un límite “socialmente” sano se había
excedido y los torrentes de vergüenza invadían mi ya inescrupuloso cuerpo. Pero
en ese momento, el deseo había borrado todo lo que alguna vez fui, mi amor por
el arte, la música, inclusive el afecto que algún día le profese a esa mujer,
solo sabia que ella yacía ahí, sublimemente inconsciente, congelada en el tiempo,
tan eterna, tan bella. Inmortalice su inexpresivo rostro en mi mente mientras
saboreaba sus labios por ultima vez y el frió tacto suplantaba cualquier placer
vivido, encontré su cuello como una extensión de mi ser, y al tenerlo entre
manos me sentí completo. “La muerte es
la solución para todos los males”, Stalin no podría estar mas en lo correcto,
porque enseguida comencé a arrastrar su cuerpo hacia el garaje, el chirrido que
liberaba su inconsciencia al resonar con la madera del piso excitaba cada uno de
mis sentidos. Sentimiento que solo fue superado cuando la cuchilla penetraba en
su carne de manera tan soberbia. Y fue
así como destace el cuerpo probablemente aun con vida de mi mujer.
Cuando termine me
detuve para deleitarme con mi trabajo, era mi obra maestra, mire sus labios, ya
no había arrugas que opacaran su belleza, observe su pelo, su tinte era de un
integro rojo escarlata, y susurre de una manera más seductora de lo que
esperaba: esta noche luces realmente encantadora.
Juan Carlos
Valenzuela P.