Temporada de sirenas
Te pensé denuevo hoy
Como siempre por temporadas
¿Será que el pálido invierno hace que extrañe el juego en tu mirada?
Me subí a un camión viejito
De esos que cobran con la mano
Qué sorpresa cuando de repente pude ver que ellos también te recordaron
Lo escuché en su música alegre
Lo leí en sus rostros huraños
¿Es tu aroma un cliché efervescente que suelta burbujas oníricas al pasar los años?
Como siempre es la tinta ambiciosa
La memoria de mi dulce abuelo
La que intenta en su afán egoísta y tierno individualizar el perogrullo en mi duelo
Te pensé denuevo hoy
Concepto, nombre y apellido
Si este chiste es evidente
¿Pensarías hoy conmigo?
- Carlos Parra
WEEDEAS
Ideas diversas que vieron su nacimiento bajo el influjo de los enervantes; acompáñenme en mi camino al desempleo.
Vistas a la página totales
viernes, 22 de noviembre de 2019
El recuerdo de las hojas nunca fue tan aromático como ahora que las mancilla el fúnebre y seductor tacto del otoño. Ahora que por fin arranqué a besos tus labios de los míos, vuelves a mi como un augurio juguetón de que nunca haz de volver. Te lanzas, suicida, llamando mi atención con tu baile aéreo, sabiendo que al besar el suelo los dos nos condenamos a desaparecer. Cada quien por su lado
- Carlos Parra
sábado, 27 de agosto de 2016
Tiempo
TIEMPO
(Soneto de cuartetos
independientes)
Este
día hay tantas cosas que quisiera regalarte
El roció de la brisa, cielo, tierra,
fuego y mar
El producto interno bruto de la economía
mundial
Desde besos y caricias hasta el agua que
hay en marte.
De poemas y canciones darte libros y
cuadernos
El anillo de mi madre, la guitarra del
abuelo
Una vida más longeva que la que vive
chávelo
Un castillo embotellado y unicornios de
tres cuernos.
Pero no tengo riquezas ni poderes sobre
el viento
¿Vida eterna? ¡Que pereza! Cada día
fuera nada
Mejor te doy lo que tengo. Mejor, mejor
te doy mi tiempo.
Los tesoros del pasado, las promesas del
mañana
Cada instante sin censura, entre risas y lamentos
El presente en un presente, amor en cada
momento
Juan Carlos Valenzuela P.
miércoles, 27 de abril de 2016
El Viejo
El Viejo
“Sindicato”, palabra
desafiante que hace temblar las piernas
del gobernante y mojar la vagina del político. Sin lugar a dudas la
revolución industrial y el oloroso espíritu contractualista francés, han
acuñado un sinfín de términos que amalgaman en su origen: Pasión, intelecto y
un apestoso sentido de justicia pública y participación ciudadana (estoy
consciente de que las primeras agrupaciones de trabajadores nacieron en
Inglaterra pero realmente quería incluir las bromas sobre el olor de los
franceses). No obstante México ha sido el “Pepito” análogo de a lo que copiar mal las tareas de otros países
se refiere; Prostituimos la república, nos mofamos de la democracia y
eyaculamos en el inocente y caucásico rostro del pluripartidismo político. Era
evidente que no tardaríamos en desprestigiar y embarrar de basura
tracto-intestinal el virtuoso e indispensable concepto del “Sindicato”, el cual
muchas veces se ha convertido en la célula cancerígena del melanoma testicular
de la educación pública (lo dice un joven que viene de una familia de
admirables maestros y sanos testiculos).

La unión Sindical nace con la
finalidad de proteger los intereses y derechos de los trabajadores. No obstante
México ha sido envuelto en una capa hedionda de “political correctness” (y
smog) cuando nos referimos a la sindicalización educativa. Resultado de años de
conflictos de intereses y coaliciones corruptas con nuestro gobierno. Y es así,
que tal y como una madre diabética e hipertensa busca proteger a “Juanito”, su
hijo sicario y violador, pero con un gran corazón; la figura del sindicato se
ha encargado de encubrir a un sin fin de académicos mediocres y faltos de
capacidad pedagógica. Es inevitable en la vida de un estudiante el toparse con
estos seres fétidos e indeseables (no los franceses), y tal como el ávido
lector debe de estar pensando, yo me topé con uno de ellos. Para proteger su
integridad y salvaguardar su no merecido derecho al anonimato nos referiremos
al sujeto en cuestión como “El Viejo”. El viejo es un ser pusilánime con
doctorado y postgrados internacionales
imaginarios. Una burla poco cómica para los estatutos y regímenes
universitarios; un anciano irremediable que no hace más que hablar de su vida
personal y proyectar su homosexualidad latente en el constante abuso y faltas
de respeto a su alumnado femenino. El viejo dice ser amigo de la directiva, se
jacta de ser intocable ante la comisión de derechos universitarios (a la cual
ha sido inútilmente denunciado en más de una ocasión). El viejo es un claro
ejemplo de desestabilidad emocional, que en más de una ocasión ha llorado
frente a su grupo; no antes habiendo abusado de su autoridad como académico.
Porque que se sepa bien, ¡que se escuche! El viejo siempre ha dejado en claro
que él es la máxima autoridad, y pobre aquel que se atreva a corregir sus
delirios. Marginadas y en pena las pobres revoltosas almas que se atrevan a
cuestionar la voluntad del viejo.

El viejo se ve lobo en la
mirada del borrego, intimida a sus estudiantes con la investidura de la
impunidad y la falta de profesionalismo ético. El viejo habla y el joven finge
que escucha. Si en algún momento de mi profano escrito hice alusión peyorativa
al pueblo francés quiero aclarar que no es por su mal olor (completamente), sus
frígidas mujeres (supuestamente) o su identidad racial tan agresiva e
intolerante. Como estudiante de derecho, admiro al pueblo francés, pero si hay
algo que no soporto ver en el rostro de mis compañeros es el derrotismo ante la
incapacidad del cuerpo docente; verlos rendirse ante el sistema académico, y
eso (en un sentido bélico y cómico) c´est trés français.
Quizá
el viejo sea más que una persona, quizá el viejo envuelva en su significado
groso una larga tradición de pedagogía abusiva y unilateral. Una escuela de
académicos que a través del conocimiento absoluto y la fuerza (indirecta) educaron
a una sociedad industrial y tecnocrática. Quizá dicha metodología fue
suficiente en una época arcaica y poco sustancial, pero es una verdad
darwiniana que aquello que no se adapta, como niño sirio cargando una bandera
francesa, está condenado a morir.
Recortes de pantalla de su evaluación en la pagina "misprofesores":
martes, 12 de abril de 2016
Muerta (2014)
Muerta
Juan Carlos
Valenzuela Parra
-Prefiero verte
muerta antes que a su lado-, fueron las palabras del hombre que de manera
irónica me dio la vida. Aun no lograba comprender como un sentimiento que
profesa tanta pureza se podía traducir en una lengua tan abominable. Crecí en
una familia que predicaba con el amor en sus labios, pero solo negociaban un
xenofóbico y superfluo sentimiento que ignora lo que no comprende.
-está bien-
respondí de una manera tan lúgubre y seca que el contraste de mi voz me provoco
un escalofrió, ¿de verdad consideraba la muerte como una tentativa?. Camine a
mi habitación de manera tan automática que sentí que mi alma se adelantaba al
destino dejando en su lugar un deprimente cuerpo sin vida. Con movimientos casi
robóticos alcancé mi cuarto, que en ese momento parecía mimetizarse con la
palidez de mi rostro, pero justo cuando atravesé el umbral me asombro la
tranquilidad que invadió mi abdomen en ese momento tenso, sentí una ligereza
mental que se proyectó a mis pies, que de manera espectral me conducían a la
cama. Recosté mi cuerpo y sentí como cada una de las fibras se sometían ante mi
peso. Experimente una sensación helada que se extendía a cada extremo de mi
humanidad. Justo en ese momento, había decidido morir.
¿Morir?, si, morir
parecía un punto resolutivo más que de tensión, el temor a lo desconocido es lo
que me tiene aquí, y de ninguna manera seré víctima del mismo miedo que mi
padre. “muerta antes que a su lado” pensé, no tenía por qué ser así, él no
tenía por qué estar en lo correcto, ya que su afirmación no era excluyente, yo,
yo podía morir a su lado, y así no habría fuerza humana que separara nuestro
trágico y bello amor, pues este se habría sumado a la inmortalidad que solo
otorga el arte, vaya, nuestro final sería una obra maestra, y ni mi padre ni
nadie, nos separaría.
En un impulso
levante el teléfono, no sé si motivada por el egoísmo, una cosa era mi muerte,
pero… ¿en realidad estaba dispuesta a arrastrar a alguien más? ¡Tonterías!, sé,
que como yo, preferiría mil veces morir a mi lado, que enfrentarse a la
desesperación de no vernos jamás, levante el auricular y presione las teclas
una a una reproduciendo aquella secuencia decagecimal que muchas veces antes había
imitado de manera autómata; pero esta ocasión en particular estaba cargada de
una densa y sombría sensación. de manera fría y sin tropezarse marchaban a
ritmo militar cada una de las frases que mis labios exhalaban, “desvanécete a
mi lado”, “nunca entenderá”, “imagínate, que bello seria”, de repente nuestra
conversación cayo en coma, cada segundo que pasaba sentía como el sudor
recorría mi rostro, mi corazón latía rápidamente contrastado con lo que vendría
después, y de la nada su voz, su voz asesinó el silencio – allí estaré-dijo, y
la decisión en su tono hiso que naciera en mi un sentimiento similar al
regocijo. Luego recapacite, no me sentía orgullosa de lo que iba hacer, tampoco
feliz de morir, pero era lo más perecido a la felicidad que existía para mí.
La noche próxima, nos encontrábamos en una
habitación de hotel, la decoración de velas y satín era dramática, pero perfecta
para nuestra última cita. Fundí mi cuerpo al suyo y por un momento sentí que el
tiempo se detenía, nuestra desnudez fue un maquillaje efímero para lo que
estaba próximo. Al caer el velo pasional que segaba la realidad nos miramos
fijamente, comenzó a llorar y se inclinó en mi cuello para susurrar,
-perdóname, perdóname por hacerte abandonar la vida. -la vida me abandono a mí primero.
Respondí. Su brazo se encontraba titubeante sujetando el cianuro, y con el otro
me estrechaba convulsivamente a su cuerpo mientras daba el primer paso a
nuestra nueva vida, en un instante me cedió el lúgubre recipiente, mientras
limpiaba los restos de muerte de sus labios y las lágrimas de sus ojos, sostuve
el veneno y lo posicione en la comisura de mis labios –así de fácil- pensé,
cuando de repente algo sucedió en mi mente, aquella tranquilidad que me había
asediado desde el momento que entre a mi habitación había escapado de mí,
dejándome desprotegida. Sentí como el terror invadía cada extremo de mi ser,
pero ya estaba hecho, no me podía echar para atrás. Mientras inclinaba más el
contenedor a mi boca, sentí el horror a flor de piel, ¡fui a una estúpida, un
estúpida!¡ papa ayúdame por favor, protégeme, papa¡ no quiero morir!, no así,
cada fibra de mi piel se ahogaba en el pavor, mi corazón estallaba y se
convulsionaba una y otra vez, y yo quería que permaneciera así, quería seguir
viva. En ese momento de cobardía me di cuenta que no quería morir, cuando de
repente deje caer el recipiente al suelo y me sentí tan aliviada que solo pude
gesticular un vergonzoso –perdóname- cargado de la más cortante hipocresía.
cuando levante mi vista y nuestros ojos se encontraron, pude percatarme del
momento exacto en que su rostro, que hasta ahora permanecía relajado, se partía
a la mitad para quebrarse en un gemido espectral que nunca olvidare, empezó a
correr por la fúnebre habitación mientras desgarraba su piel con las uñas que
no tardaron en ceder ante la presión y caer al suelo, de manera desesperada se
aferró a mí y me grito –no me dejes morir- el terror me tenía paralizada, mi
garganta se encontraba totalmente seca y no podía emitir el menor grito de
auxilio, sentía que me ahogaba, cuando de manera súbita sus manos liberaron la
presión de mis hombros y su cuerpo cayó al suelo. El veneno comenzaba a hacer
efecto, y en mi inutilidad no podía hacer más que observar como mi ser amado se
retorcía en completa agonía. Desee que muriera con todo mi corazón, no resistía
ver como su cuerpo se convulsionaba de manera tan violenta, ¿Por qué tenía que
tardar tanto? y como intervención divina, se detuvo. Me quede congelada, fría,
ninguna emoción se escapaba ya de mi rostro, pues había experimentado el
infierno mismo, por un momento me quede contemplando su rostro lleno de dolor a
través del sanguinario vomito que inundaba mis pies, y me pregunte a mí misma,
sin conseguir respuesta alguna ¿Había solo un muerto en esa habitación?

Realmente Encantadora (2013)
Realmente Encantadora (2013)
Nota: Querido Juan Carlos de hace más de 3 años; tenías
razón, al final Ted termina con Robín y Peña resulto ser un pendejo más grande
de lo que imaginábamos. No desesperes, “Things may not get
better, but at least they got less boring”. El sexo está por llegar a
las puertas de tu vida, maldito puberto picaron. Juégala al interesante. En los
años que siguen aprenderás muchas cosas; conocerás lugares y personas que
cambiaran tu vida. Unas amargas y otras Dulces. No te arrepientas de nada.
Por los libros que leíste
me mantengo. Los amigos que abrazaste me sostienen. Las ideas que acuñaste, mi
mayor tesoro. Gracias. Lo mejor está por
venir.
Antes de comenzar
quiero asegurar que no estoy loco, o al menos no falto de razón. Es más, pensar
es uno de mis mayores hábitos. Aunque debo admitir que nunca fui una persona
que los estándares catalogaran como “normal”. De niño no fui el mas
extrovertido, siempre sentí una gran fascinación por el arte y cómo este
perduraba siempre bello al pasar del tiempo, digo, sin importar cuanto roce sus
paginas, la prosa de García Márquez nunca arrugara su rostro, las melodías de
Beethoven nunca teñirán su nuca color tiempo, Davinci permanecerá inmutable
dentro del taciturno rostro de la Gioconda y el David de Miguel Ángel
conservara su pétrea belleza; Todo porque los años se resbalan en su grisácea
tez como viento en las montañas.
Quizá fue mi admiración
por la eternidad de las piezas de arte, lo que despertó en mí el pavor a lo fugaz que era mi existencia.
Pero mas que temerle a la mortalidad misma, desarrolle una inmensurable fobia
por la vejes. Eclipse del cuerpo y de la mente.
Y fue así como en
un parpadeo se consumió mi prematura juventud, en un abrir y cerrar de ojos me
despertaba con una mujer al final de mi cama, y un anillo en el dedo sin
recordar lo que había sucedido.
Como deben
imaginarse, ella era una mujer bella como el crepúsculo, pero la noche llega
tarde o temprano y tantos otoños marchitaron su perfección, lo que un día fue
una combatiente cabellera negra, se teñía de un marfil reseco y pútrido; Lo que
una vez fue un cuerpo indómito hoy se encontraba temeroso de verse atrapado
entre la cómoda flacidez, característica del burgo. La vejes comenzaba a
exhibirse en el rostro de esa mujer. ¿Cómo me veo esta noche? Preguntó, vomite
las palabras como si desgarraran cada nervio de mi garganta “Realmente encantadora”
respondí, pero las palabras son solo decrépitos charcos en el mar de las
acciones, y últimamente mi amargura y
desapego era tan tangible como cotidiano, hasta ella notaba como la pasión que
alguna vez ahogo nuestra piel, hoy se secaba antes de siquiera salir por mi
garganta.
Me causaba
repugnancia despertar junto a ese cadáver viviente, que mas de una vez desee
permaneciera inerte. Poco a poco comencé a odiar a esa desconocida, y en mi
cabeza interrumpieron deseos profundos de
matar a mi mujer. Al principio mi obsesión no fue mas que una mera
diversión, pero poco a poco, la idea comenzó a tomar forma en mi cabeza,
haciéndola parecer la cada vez mas razonable, y cuando la razón invade una
cabeza, la acecha, la observa y la destroza hasta el punto en que ella se
termina enfermando a si misma, la locura, entonces es el uso excesivo de la
razón.
Un día me decidí
y escape de los labios del deseo para sucumbir ante los seductores brazos de la
acción. Sin que me diera cuenta, mi subconsciente, hablo por mi y golpeo por mí.
La violencia que yo podía ejercer hasta un límite “socialmente” sano se había
excedido y los torrentes de vergüenza invadían mi ya inescrupuloso cuerpo. Pero
en ese momento, el deseo había borrado todo lo que alguna vez fui, mi amor por
el arte, la música, inclusive el afecto que algún día le profese a esa mujer,
solo sabia que ella yacía ahí, sublimemente inconsciente, congelada en el tiempo,
tan eterna, tan bella. Inmortalice su inexpresivo rostro en mi mente mientras
saboreaba sus labios por ultima vez y el frió tacto suplantaba cualquier placer
vivido, encontré su cuello como una extensión de mi ser, y al tenerlo entre
manos me sentí completo. “La muerte es
la solución para todos los males”, Stalin no podría estar mas en lo correcto,
porque enseguida comencé a arrastrar su cuerpo hacia el garaje, el chirrido que
liberaba su inconsciencia al resonar con la madera del piso excitaba cada uno de
mis sentidos. Sentimiento que solo fue superado cuando la cuchilla penetraba en
su carne de manera tan soberbia. Y fue
así como destace el cuerpo probablemente aun con vida de mi mujer.
Cuando termine me
detuve para deleitarme con mi trabajo, era mi obra maestra, mire sus labios, ya
no había arrugas que opacaran su belleza, observe su pelo, su tinte era de un
integro rojo escarlata, y susurre de una manera más seductora de lo que
esperaba: esta noche luces realmente encantadora.

Juan Carlos
Valenzuela P.
lunes, 4 de abril de 2016
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


