Vistas a la página totales

miércoles, 27 de abril de 2016

El Viejo

El Viejo


“Sindicato”, palabra desafiante que hace temblar las piernas  del gobernante y mojar la vagina del político. Sin lugar a dudas la revolución industrial y el oloroso espíritu contractualista francés, han acuñado un sinfín de términos que amalgaman en su origen: Pasión, intelecto y un apestoso sentido de justicia pública y participación ciudadana (estoy consciente de que las primeras agrupaciones de trabajadores nacieron en Inglaterra pero realmente quería incluir las bromas sobre el olor de los franceses). No obstante México ha sido el “Pepito” análogo de a  lo que copiar mal las tareas de otros países se refiere; Prostituimos la república, nos mofamos de la democracia y eyaculamos en el inocente y caucásico rostro del pluripartidismo político. Era evidente que no tardaríamos en desprestigiar y embarrar de basura tracto-intestinal el virtuoso e indispensable concepto del “Sindicato”, el cual muchas veces se ha convertido en la célula cancerígena del melanoma testicular de la educación pública (lo dice un joven que viene de una familia de admirables maestros y sanos testiculos).


La unión Sindical nace con la finalidad de proteger los intereses y derechos de los trabajadores. No obstante México ha sido envuelto en una capa hedionda de “political correctness” (y smog) cuando nos referimos a la sindicalización educativa. Resultado de años de conflictos de intereses y coaliciones corruptas con nuestro gobierno. Y es así, que tal y como una madre diabética e hipertensa busca proteger a “Juanito”, su hijo sicario y violador, pero con un gran corazón; la figura del sindicato se ha encargado de encubrir a un sin fin de académicos mediocres y faltos de capacidad pedagógica. Es inevitable en la vida de un estudiante el toparse con estos seres fétidos e indeseables (no los franceses), y tal como el ávido lector debe de estar pensando, yo me topé con uno de ellos. Para proteger su integridad y salvaguardar su no merecido derecho al anonimato nos referiremos al sujeto en cuestión como “El Viejo”. El viejo es un ser pusilánime con doctorado y postgrados internacionales  imaginarios. Una burla poco cómica para los estatutos y regímenes universitarios; un anciano irremediable que no hace más que hablar de su vida personal y proyectar su homosexualidad latente en el constante abuso y faltas de respeto a su alumnado femenino. El viejo dice ser amigo de la directiva, se jacta de ser intocable ante la comisión de derechos universitarios (a la cual ha sido inútilmente denunciado en más de una ocasión). El viejo es un claro ejemplo de desestabilidad emocional, que en más de una ocasión ha llorado frente a su grupo; no antes habiendo abusado de su autoridad como académico. Porque que se sepa bien, ¡que se escuche! El viejo siempre ha dejado en claro que él es la máxima autoridad, y pobre aquel que se atreva a corregir sus delirios. Marginadas y en pena las pobres revoltosas almas que se atrevan a cuestionar la voluntad del viejo.


El viejo se ve lobo en la mirada del borrego, intimida a sus estudiantes con la investidura de la impunidad y la falta de profesionalismo ético. El viejo habla y el joven finge que escucha. Si en algún momento de mi profano escrito hice alusión peyorativa al pueblo francés quiero aclarar que no es por su mal olor (completamente), sus frígidas mujeres (supuestamente) o su identidad racial tan agresiva e intolerante. Como estudiante de derecho, admiro al pueblo francés, pero si hay algo que no soporto ver en el rostro de mis compañeros es el derrotismo ante la incapacidad del cuerpo docente; verlos rendirse ante el sistema académico, y eso (en un sentido bélico y cómico) c´est trés français.

Quizá el viejo sea más que una persona, quizá el viejo envuelva en su significado groso una larga tradición de pedagogía abusiva y unilateral. Una escuela de académicos que a través del conocimiento absoluto y la fuerza (indirecta) educaron a una sociedad industrial y tecnocrática. Quizá dicha metodología fue suficiente en una época arcaica y poco sustancial, pero es una verdad darwiniana que aquello que no se adapta, como niño sirio cargando una bandera francesa, está condenado a morir.




Recortes de pantalla de su evaluación en la pagina "misprofesores":




2 comentarios:

  1. Los sindicatos son una mafia, un cáncer que se propaga físicamente con un sinnúmero de "viejos". Deberían ser removidos con algo más fuerte que la quimioterapia, de ti depende elegir el método.

    ResponderBorrar