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martes, 12 de abril de 2016

Realmente Encantadora (2013)

Realmente Encantadora   (2013)

Nota: Querido Juan Carlos de hace más de 3 años; tenías razón, al final Ted termina con Robín y Peña resulto ser un pendejo más grande de lo que imaginábamos. No desesperes, “Things may not get better, but at least they got less boring”. El sexo está por llegar a las puertas de tu vida, maldito puberto picaron. Juégala al interesante. En los años que siguen aprenderás muchas cosas; conocerás lugares y personas que cambiaran tu vida. Unas amargas y otras Dulces. No te arrepientas de nada.
Por los libros que leíste me mantengo. Los amigos que abrazaste me sostienen. Las ideas que acuñaste, mi mayor tesoro.  Gracias. Lo mejor está por venir.


Antes de comenzar quiero asegurar que no estoy loco, o al menos no falto de razón. Es más, pensar es uno de mis mayores hábitos. Aunque debo admitir que nunca fui una persona que los estándares catalogaran como “normal”. De niño no fui el mas extrovertido, siempre sentí una gran fascinación por el arte y cómo este perduraba siempre bello al pasar del tiempo, digo, sin importar cuanto roce sus paginas, la prosa de García Márquez nunca arrugara su rostro, las melodías de Beethoven nunca teñirán su nuca color tiempo, Davinci permanecerá inmutable dentro del taciturno rostro de la Gioconda y el David de Miguel Ángel conservara su pétrea belleza; Todo porque los años se resbalan en su grisácea tez como viento en las montañas.

Quizá fue mi admiración por la eternidad de las piezas de arte, lo que despertó en mí  el pavor a lo fugaz que era mi existencia. Pero mas que temerle a la mortalidad misma, desarrolle una inmensurable fobia por la vejes. Eclipse del cuerpo y de la mente.
Y fue así como en un parpadeo se consumió mi prematura juventud, en un abrir y cerrar de ojos me despertaba con una mujer al final de mi cama, y un anillo en el dedo sin recordar lo que había sucedido.

Como deben imaginarse, ella era una mujer bella como el crepúsculo, pero la noche llega tarde o temprano y tantos otoños marchitaron su perfección, lo que un día fue una combatiente cabellera negra, se teñía de un marfil reseco y pútrido; Lo que una vez fue un cuerpo indómito hoy se encontraba temeroso de verse atrapado entre la cómoda flacidez, característica del burgo. La vejes comenzaba a exhibirse en el rostro de esa mujer. ¿Cómo me veo esta noche? Preguntó, vomite las palabras como si desgarraran cada nervio de mi garganta “Realmente encantadora” respondí, pero las palabras son solo decrépitos charcos en el mar de las acciones, y últimamente  mi amargura y desapego era tan tangible como cotidiano, hasta ella notaba como la pasión que alguna vez ahogo nuestra piel, hoy se secaba antes de siquiera salir por mi garganta.

Me causaba repugnancia despertar junto a ese cadáver viviente, que mas de una vez desee permaneciera inerte. Poco a poco comencé a odiar a esa desconocida, y en mi cabeza interrumpieron deseos profundos de  matar a mi mujer. Al principio mi obsesión no fue mas que una mera diversión, pero poco a poco, la idea comenzó a tomar forma en mi cabeza, haciéndola parecer la cada vez mas razonable, y cuando la razón invade una cabeza, la acecha, la observa y la destroza hasta el punto en que ella se termina enfermando a si misma, la locura, entonces es el uso excesivo de la razón.

Un día me decidí y escape de los labios del deseo para sucumbir ante los seductores brazos de la acción. Sin que me diera cuenta, mi subconsciente, hablo por mi y golpeo por mí. La violencia que yo podía ejercer hasta un límite “socialmente” sano se había excedido y los torrentes de vergüenza invadían mi ya inescrupuloso cuerpo. Pero en ese momento, el deseo había borrado todo lo que alguna vez fui, mi amor por el arte, la música, inclusive el afecto que algún día le profese a esa mujer, solo sabia que ella yacía ahí, sublimemente inconsciente, congelada en el tiempo, tan eterna, tan bella. Inmortalice su inexpresivo rostro en mi mente mientras saboreaba sus labios por ultima vez y el frió tacto suplantaba cualquier placer vivido, encontré su cuello como una extensión de mi ser, y al tenerlo entre manos me sentí  completo. “La muerte es la solución para todos los males”, Stalin no podría estar mas en lo correcto, porque enseguida comencé a arrastrar su cuerpo hacia el garaje, el chirrido que liberaba su inconsciencia al resonar con la madera del piso excitaba cada uno de mis sentidos. Sentimiento que solo fue superado cuando la cuchilla penetraba en su carne  de manera tan soberbia. Y fue así como destace el cuerpo probablemente aun con vida de mi mujer.
Cuando termine me detuve para deleitarme con mi trabajo, era mi obra maestra, mire sus labios, ya no había arrugas que opacaran su belleza, observe su pelo, su tinte era de un integro rojo escarlata, y susurre de una manera más seductora de lo que esperaba: esta noche luces realmente encantadora.
 


Juan Carlos Valenzuela P.

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