El recuerdo de las hojas nunca fue tan aromático como ahora que las mancilla el fúnebre y seductor tacto del otoño. Ahora que por fin arranqué a besos tus labios de los míos, vuelves a mi como un augurio juguetón de que nunca haz de volver. Te lanzas, suicida, llamando mi atención con tu baile aéreo, sabiendo que al besar el suelo los dos nos condenamos a desaparecer. Cada quien por su lado
- Carlos Parra
No hay comentarios.:
Publicar un comentario